sábado, 21 de noviembre de 2009

Vidas extremas


John Stuart Mill
La infancia del escritor, filósofo y economista inglés John Stuart Mill (1806-1873), fue dura, muy dura, ya que transcurrió sometida a la férrea disciplina que le fue impuesta por su padre, el erudito James Mill.

John Stuart Mill


A los tres años su progenitor le enseñó griego antiguo; a los 4 le introdujo en la historia; y a los 8 años ya le estaba embutiendo con latín, geometría y álgebra.
A cumplir doce años el pobre John ya conocía a fondo las obras de Virgilio, Horacio, Ovidio, Terencio, Cicerón, Homero, Sófocles y demás figuras de la cultura grecolatina, leídas todas ellas en su lengua original. Además era obligado por su padre a escribir composiciones y poemas en inglés victoriano.
Con estos antecedentes, no fue nada extraño que John sufriese a los 20 años una grave depresión existencial, de la cual, según sus propias palabras, logró salir gracias a que aprendió a canalizar su basta cultura general tempranamente adquirida.
Supongo que esto afectó en algo su madurez sentimental ya que contrajo matrimonio recién a los 48 años, y con una líder feminista tras ocultarle su amor durante 23 años de amistad.

Isabel Flores de Oliva
La religiosa peruana Isabel Flores (1586-1618), más conocida con el nombre eclesiástico de Rosa de Lima, fue la primera santa sudamericana y es un ejemplo extremo de la mortificación voluntaria.
Se cuenta que un día, cuando un joven le lanzó un piropo alabando su belleza, se rasgó el rostro y luego marcó sus cicatrices con sal. Tiempo después, cuando otro pretencioso le hizo notar que tenía unas lindas manos, las sumergió en lejía para deformarlas. Durante toda su vida comió alimentos poco apetecibles, principalmente hierbas y raíces cocidas y cada vez en menor cantidad.

Isabel Flores, más conocida como Santa Rosa de Lima


Vivió siempre en una pequeña choza que sus padres construyeron para ella en el jardín de la casa familiar, dedicando doce horas al día a la oración, diez horas al trabajo y dos al descanso. Además siempre vistió una blusa de un tejido extremadamente áspero que le ocasionaba un constante escozor mortificante en la espalda y brazos.
Alrededor de la cintura se anudaba fuertemente una cadena que, a cada movimiento laceraba su piel, y por si esto no fuera poco, se colocaba una corona de espinas de plata en la cabeza. Cada vez que su confesor trataba de que aliviase estos suplicios, esta mujer arremetía con más ímpetu en ellos.

Kang Ping
Hay gestos de desprendimiento que enaltecen y dicen mucho de una persona.
Comparto la idea de que tratar de agradar a tus superiores es válido y necesario en un mundo competitivo como el de ahora, pero no pude menos que reírme de la siguiente historia:

Yung-Lo (1360-1424), fue el tercer emperador de la Dinastía Ming en China durante el siglo XV. Era conocido por ser bastante irascible y muy celoso.
Cierto día tuvo que hacer un largo viaje y decidió dejar a su consejero, un general llamado Kang Ping, al cuidado de su harem.

Yung Lo, emperador chino del siglo XV


Conociendo el "mal carácter" que se manejaba su emperador, y con la idea de prevenir la sospecha -que obviamente pesaría sobre él- de que hubiera seducido a alguna de sus concubinas, al general Kang Ping no se le ocurrió otra cosa mejor que castrarse.
Antes de que el emperador parta de viaje, puso el pene mutilado en un bolsillo secreto de las alforjas de su caballo.

Y claro, tal como se esperaba, al regreso de su viaje el colérico emperador acusó al pobre consejero de haberse acostado con sus mujeres.
Kang Ping, con una pasmosa tranquilidad se dirigió al equipaje y recuperó su pene, demostrándole así que tal acusación no era cierta.

El emperador, conmovido por el gesto de su general, le nombró inmediatamente jefe de sus eunucos e incluso luego de su muerte levantó en su honor un templo nombrándole protector eterno de todos los eunucos. Ja!

Bueno, yo creo que después leer estas tres historias ninguno de nosotros puede volver a quejarse de que la vida es dura, ¿verdad?

1 comentario:

Jose dijo...

Menuda panda de chalaos.